1. Un lugar para registrar contactos
El CRM debe permitirte encontrar a la persona, su información y el estado de la conversación. Define qué campos necesitas y quién los mantiene antes de agregar automatizaciones. Una lista de etiquetas sin un criterio compartido no sustituye un proceso.
2. Un calendario conectado al proceso
Distingue el tipo de reunión y su propósito. Comprueba qué ocurre cuando alguien agenda, cambia la hora, cancela o asiste. La persona debe recibir información clara; tu equipo necesita saber qué paso sigue.
3. Un sistema de contenido
Organiza preguntas, entrevistas, autorizaciones, archivos y versiones finales. Relaciona cada pieza con su uso: anuncio, página, explicación o seguimiento. Así puedes reutilizar material sin perder contexto ni publicar una versión incorrecta.
4. Una página y un formulario confiables
El formulario debe pedir información útil y guardarla en el lugar correcto. Revisa la experiencia móvil, las confirmaciones y la ruta de reserva. No agregues campos solo porque la herramienta permite hacerlo.
5. Un seguimiento con reglas claras
Documenta qué mensajes envías, cuándo se detienen y quién recibe una tarea. Las respuestas, las citas y los cambios de cliente deben modificar el recorrido. Revisa los duplicados antes de lanzar otra secuencia.
6. Un reporte que ayude a decidir
Combina fuente, consultas y resultado comercial con definiciones consistentes. Usa el reporte para localizar problemas, no para acumular métricas. Empieza por comprobar que los datos que ves corresponden al mismo periodo y al mismo alcance.
Conectemos tu siguiente paso.
Podemos revisar tu oferta, tus preguntas y el recorrido que siguen tus prospectos para identificar qué conviene mejorar.